

Carta Fundacional
Nuestra Congregación nace a finales del s. XIX en un contexto histórico de cierta decadencia moral y con un porcentaje muy elevado de analfabetismo, sobre todo en las clases más populares y en los entornos rurales.
El 2 de febrero de 1877, Isabel Larrañaga funda la Congregación de Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, respondiendo a la llamada de Dios y buscando las formas que le ayuden a ser presencia del Amor de su corazón en las circunstancias que le toca vivir.
El camino no fue fácil, no sólo por el proceso que la llevó a hacer posible su respuesta, su entrega de la vida, sino también por las dificultades que fueron surgiendo en el camino y que, fiadas del Espíritu y poniendo el corazón a cada paso, entonces como hoy, hemos podido superar, y que nos han llevado a extendernos por diferentes países y a diversificar nuestra acción apostólica.
Esta mujer universal (nacida en Manila, de padre español y madre peruana, que funda el Instituto en Madrid y muere en La Habana) quiso responder a una inquietud nacida en su corazón al soplo del Espíritu y, por ello, inició la andadura de la Congregación optando por los Ejercicios Espirituales, para propiciar que las señoras de la alta sociedad se encontrasen con Cristo y pudiesen convertirse así en portadoras del Evangelio y agentes de cambio desde el seno de sus familias. Sin embargo, leyendo los signos de los tiempos, abierta a las necesidades de la sociedad y orientada por las autoridades eclesiásticas del momento, fue capaz de dar un giro. Optó entonces por la educación de las niñas de las clases más pobres y, fiel a su lema pedagógico “Prevenir y amar”, hizo de la tarea educativa, horizonte prioritario –que no exclusivo- de su servicio en la Iglesia.
Ese cambio en el carisma apostólico, acaecido en 1880, que nos orientaría a la formación integral de la mujer para convertirla en agente de cambio social, fue el primer paso de este proceso. Pero ya desde los inicios, siguió ampliando su mirada, acogiendo a niños y niñas en aulas preescolares en las que acompañar, con mano firme y delicada, los primeros pasos en el camino de la fe y del saber. Para ello, apuesta por la formación de las Hermanas y por una pedagogía de vanguardia, que nos permita ser los mejores instrumentos del único Maestro.
En los inicios, la tarea docente fue ámbito casi exclusivo de las Hermanas, pero ese talante abierto ha ido tomando forma en otros muchos hitos que han marcado nuestro caminar congregacional en la escuela, acogiendo huérfanas y mediopensionistas sin recursos junto con niñas de familias acomodadas, incorporando a seglares en la labor educativa, optando después por la coeducación, integrándonos en los conciertos educativos que pudiesen ayudar a las familias en el proceso de formación de sus hijos…
Hemos seguido las huellas de la Madre en esa apertura, aportando nuevas respuestas según las necesidades que van surgiendo: facilitando la conciliación familiar; optando por la inclusión, a todos los niveles; eligiendo la innovación metodológica como respuesta a los signos de los tiempos, siendo escuelas evangelizadoras, cultivando la interioridad que pueda abrir a niños y adolescentes al encuentro con Cristo, e insertas en las respectivas iglesias locales.
Como respuesta a los signos de los tiempos y desde los valores cristianos en fidelidad a nuestro carisma y en sinodalidad, hemos ido caminando en nuestras obras educativas en la Misión compartida de religiosas y seglares. Juntos sentimos que este caminar unidos es hoy signo evangelizador. Fieles al amor sin medida del Corazón de Jesús hemos ido creando una escuela abierta y universal.
En proceso permanente de discernimiento y conscientes de la disminución del número de vocaciones en España, la misma fidelidad que nos ha ido guiando hasta este momento nos lleva a comprometernos hoy en la creación de una Fundación educativa canónica privada que pueda mantener la vitalidad carismática de nuestros centros educativos y sociales, llamados a ser plataformas evangelizadoras, en medio de este mundo necesitado de la presencia esperanzadora de Cristo, que dé sentido y nos invite a construir un mundo nuevo, manifestación de la actualidad del Reino.
La Fundación Educativa Corazonista tiene como objetivo dar continuidad a la obra corazonista en la Provincia Ibérica, en fidelidad al Carisma y a la espiritualidad de Madre Isabel Larrañaga, contando con la implicación de los laicos, comprometiéndose en la formación permanente del personal (pastoral, carismática, profesional, etc.), apoyando el nacimiento y constitución de comunidades cristianas en las obras y viviendo la sinodalidad de la Iglesia